Texto Juan Garduño. El mayate 15 mayo 2021.

*La opinión de este texto es del autor quien la redacta, el mayate es ajeno, pero, es un espacio de comunicación para expresar las distintas maneras de opinar e ideas.*

La pandemia y la educación

Por Juan Garduño

La pandemia actual ha hecho cuestionarnos seriamente por el futuro de la educación. El tema es, sin duda, relevante, mas, antes de preguntarnos por el futuro, tenemos que preguntarnos por el presente. La pandemia también ha revelado las carencias que como sociedad tenemos en la educación. La deuda gubernamental con la sociedad es enorme. Sorprende ver que en este gobierno de izquierda se sigue reduciendo el presupuesto a la educación y se sigue aumentando al rubro de seguridad. Es decir, al menos en este caso, no se nota la diferencia. Sin embargo, valdría cuestionarnos cuánto invertimos en educación y cultura como ciudadanos.

Hace tiempo un familiar me decía que no compraba libros porque eran caros. Tras una serie de cálculos, llegamos a la conclusión de que anualmente él gastaba en bebidas alcohólicas casi el doble de lo que yo gastaba en libros. Esto me puso a reflexionar acerca de qué cosas consumimos y qué cosas no. Las prioridades de las personas son distintas, dependiendo de muchos factores, sin embargo, a pesar de la diversidad, también encontramos ciertos patrones de consumo. Por ejemplo, en el llamado Buen Fin lo que principalmente compran las personas son: pantallas, aparatos de sonido y dispositivos móviles; seguido de electrodomésticos como refrigeradores, estufas, lavadoras y hornos de microondas; por último, encontramos computadoras, de escritorio y laptops. De alguna manera, esta escala muestra las preferencias en el consumo de las personas. Lo que parece estar dedicado a la educación queda en último término.

La pandemia ha venido a desnudar la infraestructura doméstica en términos de educación. Es raro encontrar libreros en las casas, pero casi infaliblemente encontraremos televisores en cada una de ellas. No es común encontrar computadoras, pero sí hay aparados de sonido y celulares. Es común una sala para ver televisión, pero no un cuarto de estudio. Parece que el mito de “estudia para que tengas dinero” ya no tiene efecto en las sociedades actuales, pues olvidamos, como dice la canción, que “en los libros siempre se aprende cómo vivir mejor”. Hemos reducido la vida a términos económicos, olvidándonos de cultivar aquello que no representa beneficios monetarios. Desde esta perspectiva, la educación ha sido dejada a segundo plano tanto en el núcleo de la sociedad —esto es, la familia—, como en el Estado.

Como profesor y como padre de familia, hay un tema que ha llamado fuertemente mi atención: qué apoyo se brinda a los estudiantes en casa. Uno de los temas que más me preocupaba es que los alumnos en general no encienden sus cámaras. Los motivos que señalan son diversos: no sirve su cámara, no están en su casa, o sencillamente no quieren hacerlo. En lo que pude observar, noté que los espacios donde toman clase están llenos de distractores. En primer lugar, no son lugares de estudio, habitualmente es la sala o el comedor, allí mismo hay otras personas haciendo otras actividades. En segundo lugar, no hay una consciencia de que para estudiar se necesita silencio, nunca falta el televisor prendido, la radio o personas platicando. En tercer lugar, y esto es lo más alarmante, mientras el alumno toma clase en su casa se le preguntan cosas o se le pide que haga algo más, como si tomar clases en línea fuera algo similar a ver un programa televisivo. Si como padres no consideramos estos factores en casa para apoyar a los hijos, ¿cómo esperamos su óptimo desarrollo? Aunado a esto, podemos agregar todos los ruidos de la calle, comerciantes, cláxones, vecinos con la música a todo volumen y, ahora, los carros con anuncios de campañas políticas.

Si bien es cierto que la deuda educativa del Estado es enorme con el pueblo, también debemos preguntarnos cómo apoyamos a la educación de nuestros hijos, qué hacemos para que ellos puedan llevar a cabo sus actividades escolares, o bien, por qué no sentarnos con ellos, en la medida de lo posible, para escuchar sus clases y recordar viejos tiempos. La reflexión acerca de qué es necesario para el aprendizaje de nuestros hijos y estudiantes es importante. Debemos retomar en nuestras manos algo que el gobierno no hará y que tristemente esperamos que lo haga: la educación. Solo así seremos capaces de organizarnos para obligar al gobierno a que cumpla con esta deuda social.

*La opinión de este texto es del autor quien la redacta, el mayate es ajeno, pero, es un espacio de comunicación para expresar las distintas maneras de opinar e ideas.*