Una tradición que lejos de morir, revive en comunidades de Tlaxcala año con año.

Texto- El Mayate.- 27 octubre 2019. Fotos ©Fernando Camacho.

Siempre en esta época del año dónde octubre dice adiós y noviembre se asoma para recordarnos que un año más está a punto de terminar, sucede algo mágico, la celebración de día de muertos en todo el territorio nacional.

Pero fuera y dentro del día de muertos, todo Santos, Xantolo, etcétera, perduran esas tradiciones que lejos de desaparecer, toman un poco de fuerza, nos referimos a la elaboración de productos que identifican esta celebración prehispánica donde le rendimos culto y respeto a los muertos, nuestros difuntos, esos familiares que se adelantaron en ese camino entre dimensiones donde la energía se vuelve una sola.

Ya sea elaborando las ceras, calaveritas de azúcar, chocolate, amaranto, la siembra y cosecha de la Flor de Cempasúchitl, el papel picado, los gallitos de masa, pero en esta ocasión hablaremos, o mas bien narraremos de la elaboración de Pan de muerto u hojaldras, conocidas en otras regiones.

En la comunidad de San Pedro Muñoztla del municipio de Santa Ana Chiautempan, en el estado de Tlaxcala una familia realiza cada año la elaboración de manera artesanal este llamado pan de muerto, que adquiere ese nombre por la forma del pan, la cual aparenta la reducción del cuerpo del difunto a cenizas con huesos sobre este.

Este proceso cansado y que requiere de un gran esfuerzo físico al momento de batir la masa ya con los ingredientes, le da ese sabor humano al pan de muerto, esa energía implementada que los difuntos necesitan para alimentarse es dejada en la masa, colocada en charolas recubiertas de manteca animal, barnizadas con huevo batido y decoradas con semilla de ajonjolí.

El horno ya caliente espera los pequeños bultos, que representan el estado físico del un humano, que por varios minutos se cocerán para salir dorados, bronceados, crujientes, apetitoso, tanto para el humano como para el difunto visitante.

Caliente es dejado enfriar sobre un mantel o sábana blanca; el muertito, ese pan, de muerto, está listo para ser degustado por los humanos que con alegría y gozo han colocado sobre el altar con las comidas predilectas, de quien ya no esta fisicamente, pero que en próximos días vendrá a visitarnos compartiendo, no solo el pan, si no los recuerdos que permiten nunca dejar morir a los que se adelantaron en este mundo lleno de dimensiones.